Así es como preparo el kale cuando quiero usarlo toda la semana y no solo pensar en usarlo. Sin tierra, sin amargura, sin hojas babosas escondidas en el fondo del refri. Solo kale limpio, picado y listo para ensaladas, sopas, smoothies o lo que salga. Es simple, funciona, y hace toda la diferencia.
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Ingredientes
1manojo de kalerizado, toscano o morado, todos funcionan
Agua fría para lavar
Opcional: aceite de oliva y una pizca de sal para masajear el kale crudo
Instrucciones
Llena un bowl grande o centrifugador de ensaladas con agua fría. Sumerge las hojas de kale y muévelas suavemente para aflojar la tierra. Deja reposar un minuto y saca las hojas sin tirar el agua. Repite si es necesario.
Seca muy bien con el centrifugador o con un trapo limpio. Este paso es clave para que no se ponga baboso al guardarlo.
Dobla cada hoja a la mitad a lo largo y jala el tallo con las manos o córtalo con cuchillo. Guarda los tallos para caldo, pesto o smoothies.
Desgarra en pedazos del tamaño de un bocado o corta en tiras delgadas, dependiendo de cómo lo vayas a usar.
Si lo vas a comer crudo, agrega un chorrito de aceite de oliva y una pizca de sal. Masajea con las manos limpias por 1 a 2 minutos hasta que las hojas se oscurezcan y se sientan suaves.
Notas
Kale sin lavar: envuelve en papel de cocina, guarda en una bolsa en el cajón de verduras. Dura hasta una semana.
Kale lavado y picado: asegúrate de que esté completamente seco. Guarda en un contenedor con papel de cocina en el fondo. Dura de 3 a 5 días.
No necesitas masajear el kale si lo vas a cocinar. Solo pícalo y saltéalo.
Congela kale extra: blanquea rápido, seca bien y congela en bolsas para smoothies o sopas.
No tires los tallos. Agrégalos a pesto, smoothies o congélalos.